Busca una aliada

“No estoy dibujando mucho” le confesé a Isa en una videollamada hace un tiempo. Mi sobrina de 10 años me miró con sorpresa, no sé si porque tiene muy claro que dibujar es lo más o porque la imagen que tiene de su tía es que es artista y se pasa la vida pintando.
Llamarme artista me hace sentir que pertenezco a algo, un grupo heterogéneo de seres que encuentran en el arte un modo de ser y expresar. A veces juego a imaginar que existe entre nosotros un lenguaje secreto o cierta complicidad que nos conecta. Por otro lado, también me pesa la idealización de esta profesión en la que se supone que debería estar creando cada día con la inspiración siempre activa para aventurarse conmigo. Esto no es real.
Aunque suene muy atractivo crear a partir de un ataque espontáneo de inspiración, este es un tren que varía sus horarios y si nos sentamos a esperarlo puede ser que no hallemos el momento de cultivar nuestro don. Según mi experiencia, la inspiración termina siendo un condimento que surge y suma al proceso de creación, siendo indispensable entonces la voluntad para empezar y la energía que invierto en moldear una idea desde la fé (o el desapego).

En tiempos escasos de impulso podemos recurrir a varias estrategias. Una de mis favoritas es buscar una aliada para conectar con el juego de crear.
A un mensaje de distancia encontré a Picky, ex compi de trabajo en la tienda de Ibiza y amiga, con la que comparto el fanatismo por hacer cosas con las manos. Ante mi propuesta de juntarnos a hacer collage y tomar unos matecitos recibí un sí nutrido por sus ganas de crearse un tiempo para reconectar. Así fue que desayunando con un fueguito cerca sacamos pilas de revistas y libros, tijeras, stickers, pegamento y papel para dar rienda suelta al juego.
Siempre sentí el collage como un acto terapeútico. Una técnica donde me permito soltar un poco las expectativas y dejarme llevar por lo que me atraiga en el momento. Una imagen de una revista me sirve de disparador para crear otra más concreta en mi mente que hace de brújula para seguir explorando el material sobre la mesa.
Disfrutamos de momentos de charla y otros de silencio acompañadas por la música e hipnotizadas por el movimiento de nuestras manos.
Desde hace varios años, cada vez que me entrego al collage, viajo directo a mis sueños, deseos e intenciones. Siento que entro en un estado de calma y claridad en el que puedo enfocarme en lo que me moviliza, me emociona e ilusiona. Esta vez no fue la excepción. Sin planearlo terminé plasmando mis deseos en estrellas fugaces hechas con las líneas de un gráfico periodístico.

Si estás en un momento de sequía creativa o sentís que necesitás un incentivo para ponerte a crear, te recomiendo fuertemente que busques a tu aliada en esta aventura.
¡Hasta la próxima!
P.D.: Podés ver las creaciones de Picky acá
